11 may. 2007

LOS LIBROS Y LA TV

TV: 'VER PARA LEER', POR TELEFÉ, HOJAS QUE NO SE LLEVA EL VIENTO / ENTREVISTA A JUAN SASTURAIN, CONDUCTOR DEL PROGRAMA. ‘HABLO DE LIBROS QUE ME GUSTAN’VER PARA LEER ES UNA DE LAS MÁS FELICES IDEAS TELEVISIVAS DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS. Y TAMBIÉN DE LAS MÁS ORIGINALES, YA QUE NO ABUNDAN PRECISAMENTE LOS PROGRAMAS DEDICADOS A LOS LIBROS EN LA TV ABIERTA

Más de un televidente atento no tardará en descubrir más de una conexión entre este ciclo y aquella disfrutable propuesta que el cable nos ofreció hace unos años de la mano del chileno Antonio Skármeta, que nos llevaba por la ruta de los libros y hasta lograba situarlos geográficamente del modo más ameno. Aquí la pretensión es más modesta, pero a la vez casi convertida en un juego que el televidente no tarda en compartir. Casi a la manera de Paul Giamatti en la película Esplendor americano -la biografía del historietista Harvey Pekar-, el protagonista central del programa, Juan Sasturain, vive en un mundo hecho de cuadritos dibujados y se mueve dentro de ellos. Un ser de carne y hueso dentro de un mundo animado. La escenografía subraya el espíritu lúdico de la propuesta, sobre todo cuando aparece en el cuadro un segundo personaje llamado Roque (Fabián Arenillas), que pide a gritos la ayuda de su amigo Juan porque acaba de pelearse con su esposa y quiere recuperarla a toda costa. ¿Cómo hacerlo? Juan tendrá la respuesta a través de los libros. Más precisamente de la poesía, remedio infalible para cualquier intento de reconciliación. El paso de comedia entre Juan y Roque se mezcla con las salidas del primero a la calle en busca de los libros salvadores. Un paseo que hacemos junto al conductor y que verdaderamente se disfruta a partir de la jovialidad de Sasturain y una recreación casi perfecta de lo que significa recorrer librerías y descubrir los secretos de sus estantes, anaqueles y vidrieras. En Ver para leer no se habla de novedades o lanzamientos editoriales. Por el contrario, al menos en la emisión inaugural quedó claro que la idea es ocuparse de títulos imperecederos y autores que vale la pena descubrir o a los que bien vale regresar o releer, más allá de las necesidades puntuales de Roque, excusa perfecta para vestir una modesta trama a la que se suma el mismísimo Alejandro Dolina y en la que también -gran idea- hay lugar para literatura infantil y juvenil. Autores como Petrarca, Ernesto Cardenal o W. H. Auden, mencionados aquí durante el periplo con inscripciones y leyendas en cámara que en algún momento se tornan arduas y algo incómodas, van más allá de cualquier pretensión utilitaria o para salir del paso. Y el programa aspira a que el televidente se tome un momento para conocer o recuperar a cualquiera de los autores citados. Sasturain no da vueltas ni recurre a palabras alambicadas, es claro sin caer en exagerados didactismos y desde su propia imagen de tipo que parece haber pasado horas y horas hurgando en librerías de viejo nos contagia un entusiasmo por la lectura que está siempre más cerca del disfrute y el placer que de cualquier pretensión erudita en menos de media hora, tiempo jugosamente aprovechado. Una sola cosa empalidece esta idea digna de celebración: su estreno se produjo poco después de la medianoche del domingo, sin horario preciso, obligando a sus potenciales televidentes a seguir El Hombre Araña si es que querían verlo completo. Un programa así merece espacio e identidad propia, en vez de funcionar como apéndice de otros ciclos y soportar horarios aleatorios. ¿Cómo podrá estimularse la lectura en los televidentes si no se sabe a qué hora empieza el programa? Algo parecido hizo que Científicos industria argentina dejara muy pronto de interesar a Telefé, que había recibido el programa con mucho entusiasmo. Si algo así llegara a repetirse, estaríamos en problemas.

Por Marcelo Stiletano Fuente: diario "La Nación"Más información: www.lanacion.com